Las mariposas Monarcas migratorias
recorren diariamente una distancia aproximada de 120 kilómetros, colocándose en corrientes de aire ascendente para aprovechar el impulso y planear. Con esta técnica de vuelo, las Monarcas sólo necesitan aletear cuando pierden el viento o cuando desean cambiar de rumbo, lo cual les permite guardar energías suficientes para completar su largo viaje.
Después de haber cubierto más de cinco mil kilómetros de increíble recorrido, la generación Matusalén de Mariposas Monarca llega finalmente a los 5 santuarios localizados en México,
colgándose de los troncos y racimos de oyamel, preparándose así para
ser parte de la mitad de la colonia que sí sobrevivirá al invierno y a
los depredadores. Ya a mediados de febrero, cuando la temperatura
aumenta y los días se hacen más largos, las Monarcas se desprenden de
los árboles, para comenzar sus rituales de apareamiento. Cuando cada
hembra de la Mariposa Monarca ha dejado un aproximado
de 400 huevecillos sobre las finas hojas de las asclepias, comienza la
búsqueda de flores para extraer el néctar y así acumular energía para el
largo viaje de regreso a casa.
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